¿Y a ti? ¿Cuánto tiempo va a durarte el frigorífico?

Un frigorífico eterno… La era de la obsolescencia programada nos ha demostrado que innovación tecnológica y calidad no siempre van de la mano. ¡El frío conserva!

Hablar de frescura en los tiempos que corren, entre canículas y alertas por calor, es algo que gusta, ¡sobre todo cuando el aparato del que hablamos es un refrigerador que sigue funcionando desde hace más de 6 décadas! Este tipo de noticias nos hace plantearnos nuestra relación con la tecnología y su evolución durante los últimos cincuenta años.

El frigorífico inmortal

Algunos medios de comunicación locales quebequenses lo han presentado como una curiosidad tan improbable como la aparición del Big Foot en una ciudad… ¡Una quebequense utiliza el mismo refrigerador desde hace más de 60 años! No se trata de un caso aislado: una pareja de Marruecos ha comentado a un periodista que tenían uno de esa misma época. Todos ellos, encantados con su inversión (y es que podemos hablar de una excelente amortización), no dan ningún consejo especial en cuanto al mantenimiento, lo que nos lleva a pensar que depende únicamente de las características del propio aparato.

Por supuesto, muchos otros hogares deben estar equipados también con electrodomésticos vintage en perfecto estado de funcionamiento, y todos ellos podrían ser objeto de un reportaje. ¿Pero por qué se ha convertido en algo tan excepcional?

A contracorriente de los aparatos actuales

Debemos decir que los electrodomésticos de la post-guerra y sus incesantes innovaciones no hicieron sino fomentar la compra de equipamiento por parte de las familias.

Los fabricantes, por su parte, unieron la obsesión por bajar los precios de coste con la necesidad de lograr un modo de garantizarse una demanda constante. Esto les llevó a utilizar peores materiales, un diseño más ligero y, al final… optar por la obsolescencia programada sin reconocerlo.

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Esta es la razón por la que hoy en día resulta bastante normal cambiar de refrigerador cada 4 o 5 años, de televisor cada 2 o 3 años y de ordenador portátil… en aún menos tiempo.

La generalización de la obsolescencia programada…

Parte integral de nuestra manera de consumir, la obsolescencia programada a veces afecta a nuestras elecciones: ¿por qué elegir un aparato un 50% más caro cuando tiene las mismas probabilidades de pasar a mejor vida al cabo del mismo número de años que el modelo más barato?

Una avería es sinónimo de recompra y ya no se contempla la reparación: piezas sueltas no disponibles, un motor sellado y un interior en plástico… desanima hasta a los más valientes.

Al mismo tiempo, los fabricantes redoblan sus esfuerzos para ofrecer nuevos modelos con un mayor rendimiento: un nuevo smartphone cada 6 meses, un secador de pelo (L’Oreal) lo último de lo último, 3 modelos de horno de la misma marca en el mismo año… El frenesí consumista es omnipresente.

En estos tiempos de crisis, de cambios en las fuente energéticas y de redistribución de los equilibrios geoestratégicos se han ido abriendo camino preguntas y llamadas de atención de voces que buscan un consumo más racional. Se ha votado una ley anti-obsolescencia programada en Francia, así que la economía circular nunca había recibido tanto apoyo y los modos de consumo alternativos van convirtiéndose en auténticos hábitos.

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… Y un cambio en los hábitos de consumo

De este modo, el consumo de cada aparato recibe el minucioso escrutinio de clientes potenciales que buscan no engordar la factura de la luz y no contribuir a la escasez energética que nos acecha.

Las marcas, receptivas ante estas inquietudes, rivalizan lanzando innovaciones en esta dirección, y un aparato con poco consumo eléctrico presenta hoy en día unos argumentos muy sólidos frente a los de una competencia demasiado perezosa.

Del mismo modo, la compra de segunda mano ya no se ve relegada a la población menos favorecida: es una elección de pleno derecho y se ve alentada por sectores específicos. Este deseo de ralentizar el permanente consumo de las últimas novedades también ha provocado que el sector del reacondicionado se haya disparado estos últimos años. Para evitar las posibles dudas de los más escépticos, los líderes del sector, como Back Market, ofrecen aparatos revisados a precios que pueden suponer un ahorro de hasta un 70% frente a uno nuevo.

Una buena ocasión, si es que hacía falta otra, para mirar con perspectiva nuestros utensilios y nuestras necesidades cotidianas.

 

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