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Las mejores iniciativas ecológicas para móviles

En cuestión de ecología, los móviles inteligentes están lejos de ser alumnos ejemplares, en realidad, ¡lejísimos! Así y todo, en lugar de ver el vaso medio vacío, vamos a destacar los esfuerzos que los fabricantes están dispuestos a hacer para limitar la catástrofe planetaria de la que son cómplices y revisaremos  iniciativas que se aplican progresivamente para limitar la contaminación que todos generamos con nuestros preciados teléfonos.

Breve recordatorio de la significativa falta de ética ecológica

Entre el agotamiento de los recursos necesarios para su producción y el evidente daño que causan a la biodiversidad los desechos tóxicos arrojados al medio ambiente, el teléfono inteligente es un verdadero azote ambiental, sanitario y social. El 80 % de las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen a lo largo de su ciclo de vida se originan durante su fabricación. Luego vienen el ensamblaje, el transporte, la distribución y el uso. Por otra parte, muchos móviles se fabrican a base de materiales que generan residuos muy contaminantes, sobre todo las piezas que corresponden a componentes electrónicos complejos como el microprocesador y la pantalla, los cuales son difíciles o imposibles de reciclar.

¡Los smartphones no son tan «smart» para el planeta!

De la obsolescencia programada a la tecnológica

Los móviles inteligentes acumulan en sí mismos obsolescencia programada, tecnológica, estética e incluso psicológica. ¡Nada más y nada menos!

De hecho, al ofrecer dispositivos que llevan las baterías selladas o soldadas, sin piezas de repuesto, lo cual limita considerablemente su vida útil, y que utilizan sistemas operativos exclusivos o, en algunos casos, con actualizaciones de software limitadas, nos encontramos en medio de una obsolescencia programada y una obsolescencia tecnológica.

En segundo lugar, al lanzar periódicamente nuevos modelos con prestaciones de las que los consumidores no disponen, los fabricantes hacen todo lo posible para fomentar la compra de versiones más recientes, a pesar del buen estado de los teléfonos «antiguos», que tienen apenas dos años y parecen medievales en comparación con los últimos dispositivos. Es lo que se conoce como obsolescencia estética o psicológica.

Son potentes, no lo negaremos.

Sin embargo, al utilizar tu móvil durante el mayor tiempo posible, contribuyes activamente a limitar la producción de nuevos dispositivos y, en consecuencia, a preservar el medio ambiente y las poblaciones. Por suerte, ¡ya hay quien lo ha entendido!

Hacia el ecodiseño obligatorio

En la actualidad, para fabricar un solo teléfono inteligente se necesitan 70 kg de recursos naturales, que a menudo proceden de zonas en conflicto, de plásticos y otras sustancias tóxicas o tierras raras, que encima se extraen mediante trabajos forzados, por no hablar de esclavitud.

Entre las iniciativas destinadas a alcanzar una tecnología menos contaminante, la Unión Europea quiere alentar a los fabricantes de teléfonos inteligentes a que ofrezcan, entre otras cosas, dispositivos con baterías extraíbles que el usuario pueda cambiar fácilmente si se agotan. Como hemos dicho antes, son muchos los teléfonos que llevan la batería sellada, lo cual impide sustituirla a menos que lo haga un especialista o que seamos muy doctos en la materia. Es sobre todo el caso de los iPhone de la marca de la manzana y de los productos Samsung, por citar algunos. Por otra parte, algunos no han esperado a recibir un tirón de orejas para diseñar teléfonos modulares, como la marca Fairphone, por ejemplo.

Hay que comprender que cambiar la forma en que se diseñan los teléfonos inteligentes beneficiaría tanto a los consumidores como al medio ambiente. Al endurecer las reglas del ecodiseño, se reduciría la presión que ejerce la producción masiva de teléfonos sobre los recursos limitados del planeta y se aumentaría la vida útil de los dispositivos a través de la facilidad de reparación, de actualización y, por último, de reciclaje.

El ecodiseño web

Cuando hablamos de ecodiseño, no nos limitamos a la fabricación de los dispositivos físicos (hardware), sino que también hacemos referencia al ecodiseño web, es decir, a un diseño ecológico de los programas (software) que permiten que nuestros dispositivos funcionen. Para comprender la utilidad de tales medidas, recordemos primero que cada acción web requiere una red (ya sea wifi, 4G o —pronto— 5G). La circulación de los datos en esta red y su almacenamiento en los Data Centers requiere una gran cantidad de energía. En consecuencia, la tecnología digital actual supone el 4 % de los gases de efecto invernadero y consume más del 10 % de la energía mundial. En los años venideros, estas cifras seguramente tendrán que revisarse al alza. Este aumento se debe a que cada año son más las personas que tienen un móvil inteligente y se conectan a internet. Si añadimos a unos pocos miles de millones de usuarios un uso masivo de aplicaciones móviles, llegamos a un triste consumo de más de 20 TWh, comparable al consumo anual de electricidad de un país como Irlanda. Sin embargo, optimizando las aplicaciones, este impacto energético puede reducirse, en particular si se establecen sistemas destinados a restringir el consumo de la batería.

Por todas estas razones, algunas empresas están tratando de instaurar aplicaciones diseñadas para escanear la actividad de nuestro móvil  con el fin de equilibrarlo y reducir el consumo de energía mediante soluciones adecuadas e individualizadas. Podemos ilustrar este ejemplo haciendo referencia a la aplicación Plana, que permite modificar las horas de recepción del correo electrónico para evitar emisiones de carbono innecesarias. Los correos se descargan a la hora en que se levanta el usuario. Android también está desarrollando actualmente una aplicación para aplazar las tareas al período de carga del teléfono y no consumir batería innecesariamente. También se está valorando la posibilidad de reducir el tamaño de las aplicaciones para disminuir su huella de carbono.

Innovaciones que señalan el progreso

Si nos atenemos al tema de la batería para empezar, es porque es sin duda uno de los principales puntos débiles que presentan nuestros móviles, según cómo los usemos. Si bien algunos usuarios tienen suficiente con cargar su teléfono por la noche, otros a menudo tienen que usar y abusar del cargador durante todo el día, ya que su uso intensivo agota la batería en pocas horas. Por suerte, los investigadores se están esmerando a fondo para ofrecer cambios a los consumidores en un futuro próximo. ¡Y algunas ideas son muy ingeniosas!

La batería de grafeno

Anunciada como el «Santo Grial» de la transición energética, la batería de grafeno podría convertirse en una tecnología «milagrosa» capaz de recargar un teléfono móvil cinco veces más rápido con una capacidad un 45 % mayor gracias a los efectos de un supercondensador de nueva generación, que podría cargar una batería en 12 minutos en vez de en una hora. Según los rumores, esta batería debería salir pronto al mercado. ¡Un poco de paciencia!

La energía humana

Ya existen en el mercado dispositivos que se recargan mediante la energía que se genera con el movimiento. Es el caso de algunos relojes de pulsera, por ejemplo, que se recargan con el calor corporal. Aunque esta opción sería aún difícil de aplicar a nuestros móviles, ya que requiere el contacto con la piel, esta tecnología solo está disponible actualmente para algunos relojes conectados.

Una batería que funciona… con orina

Por extraño que parezca, los investigadores de la Fundación Bill Gates han logrado encontrar un sistema capaz de extraer de la orina humana energía suficiente para cargar un teléfono inteligente. De este modo, la tecnología Microbial Fuel Cell pronto nos permitirá garantizar la carga de nuestros dispositivos de la manera más ecológica (y extraña) posible, orinando en un tubo instalado directamente en el smartphone. Práctico cuando se tiene una necesidad urgente y la batería está a punto de agotarse…

Una recarga de batería natural

Esta innovación es una idea interesante que procede del MIT y nos permitiría utilizar la energía acústica que nos rodea para alimentar nuestros móviles, mediante baterías que dependerían únicamente de nanogeneradores y del sonido, por lo que tan solo habría que hablar junto a ellos para que se cargaran por su cuenta.

Con el propósito de crear móviles inteligentes que puedan alimentarse mediante energía natural en exclusiva, el MIT también ha logrado con éxito acumular energía a partir del agua presente en la atmósfera. Cierto es que solo se ha conseguido obtener un solo microvatio, pero cabe recordar que se necesitaron treinta años de investigaciones para diseñar las baterías de iones de litio que conocemos actualmente…

La tecnología uBeam

Nikolas Tesla soñaba con una tecnología que permitiera transmitir energía a través del aire. Ya no está aquí para disfrutarlo, pero la astrobióloga Meredith Perry, de 25 años de edad, ha logrado desarrollar el sistema uBeam, que permite cargar una batería mediante microondas que transmiten la energía directamente al teléfono a una distancia de varios metros. A pesar de que se han recaudado 28 millones de dólares para este proyecto, esta tecnología todavía requiere mucha energía, es muy cara y de momento carga muy lentamente. Sin embargo, con el tiempo será posible cargar permanentemente móviles, coches, ordenadores y otros dispositivos electrónicos con ondas de radio como las que se utilizan actualmente para las redes 4G. Ciertamente no es muy ecológico, ¡pero los progresos pueden hacer milagros!

La batería de azufre

Esta innovación, que está previsto probar a gran escala a finales de 2020, se la debemos a una investigadora australiana que ha logrado desarrollar una batería a base de litio y azufre, ¡suficientemente potente para proporcionar a nuestros smartphones autonomía durante cinco días sin necesidad de cargarlos! Esta tecnología, conocida desde hace ya muchos años, no era lo suficientemente eficaz porque el electrodo a base de azufre se desintegraba demasiado pronto, pero la científica ha logrado resolver este problema fácilmente gracias a la industria de los detergentes en polvo. ¡Es otro proyecto que se enmarca por completo en la vía que conduce hacia la transición energética!

¿Y qué hay de los móviles sin batería?

Muy a pesar de todos estos intentos de reducir al mínimo la energía de los teléfonos inteligentes, las baterías podrían terminar siendo completamente innecesarias. Los ingenieros de la Universidad de Washington han desarrollado ya un prototipo de móvil sin batería. Este aparato utiliza componentes ya disponibles para recibir energía a través de un pequeño panel solar y una antena que capta señales de radio. Esta combinación logra que consuma tan solo 3,5 microvatios. Aunque por el momento esta tecnología no permite utilizar un teléfono móvil tal y como lo conocemos, ¡ello no nos impide soñar!

El biomimetismo para prolongar la vida útil de los teléfonos inteligentes

En el otro lado de la batería está la pantalla y, cuando se nos cae el móvil, a menos que lo hayamos protegido con un cristal templado sobre la pantalla, hay un 50 % de posibilidades de que se agriete o llegue a romperse. Por otra parte, ¡un estudio realizado por SquareTrade en 2018 revela que cada hora se rompen más de 5760 pantallas de teléfono! Y, como sucede con las baterías, cambiarlas es toda una aventura. Tal vez no por mucho tiempo…

De hecho, unos investigadores canadienses han ultimado un nuevo tipo de vidrio más flexible y, sobre todo, más resistente, basado en el mundo animal, concretamente… ¡en las ostras!

Sus conchas están formadas por varias capas de carbono de calcio, las cuales, al recibir un golpe, se separan y luego se vuelven a colocar. El uso de este material en nuestros teléfonos inteligentes nos permitiría disponer de pantallas mucho más sólidas, incluso irrompibles, y utilizarlas durante más tiempo.

Aunque el teléfono inteligente en sí es uno de los objetos más contaminantes del planeta, la investigación científica trata progresivamente de encontrar iniciativas y soluciones más ecológicas, que nos permitan seguir utilizando nuestros dispositivos, a la vez que reducir los daños medioambientales. 

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