Las 10 cosas que el iPhone ha exterminado

El iPhone ha transformado nuestras vidas, nuestros día a día, nuestras relaciones sociales (y también nuestra cuenta bancaria, bienvenido iPhone 8). Sigilosamente, también ha eliminado muchas costumbres y objetos cotidianos que, en menos tiempo de lo que se tarda en descargar una nueva versión de iOS (hum…) se han convertido en “has been”.

Pequeño resumen.

Los reproductores MP3… y el iPod

Es el parricidio más improbable de la tecnología. Al lanzar su iPhoneApple ha enterrado definitivamente su antiguo iPod. Cuando lo miramos más de cerca, nos damos cuenta de que la interfaz intuitiva del smartphone ya existía en el reproductor MP3 táctil. Pero, para afirmarse, ha sido necesario matar al padre.

Los números de teléfono

Hace solo 10 o 15 años, conocíamos de memoria el número de teléfono de casa, el de la abuela y, probablemente, el de nuestro amor. Hoy, no estamos ni siquiera seguros de nuestro propio número de móvil. Antes, teníamos una libreta de direcciones Diddle o Dragon Ball Z y estábamos a la última cuando anotábamos el fijo de nuestra nueva amiga del alma que habíamos conocido en el campamento.

Ahora, nos enviamos fichas de contacto por AirDrop. Fin del Juego.

Los mapas y los planos (e incluso el GPS)

Un minuto de silencio por los Mileniales que nunca han conocido el lío de tener que buscar de noche el nombre de un pueblucho remoto en un plano de carreteras, que está situado justo en el pliegue de dicho plano.

Bonus: realmente, nunca hemos sabido cómo se plegaba el dichoso plano.

Las grabadoras de voz

Bueno, ¿quién las utilizaba realmente a parte de los médicos forenses de Ley y orden cuando dictaban sus informes?

Los presentadores del tiempo y los programas de cine

Acabada la gran misa de las 20:30 delante el tipo que va a decidir si tu fin de semana rimará con VHS bajo el edredón o paseo por la playa. Terminada la duda delante del cine para descubrir las próximas sesiones.

Ahora, ¡nos or-ga-ni-za-mos! Con solo 2 aplicaciones, he elegido el próximo maratón de series de Netflix y he comprado nuestros billetes para ver “It” y una bolsa de palomitas maxi con suplemento de Xanax. Y la playa, para el jueves que viene.

La espontaneidad

Antes, tirábamos a nuestro colega al agua. Saltábamos a la piscina. Hacíamos un esprint para subir al autobús. Nos peleábamos con el primito y nos tirábamos al suelo. Ahora, con un iPhone en el bolsillo, somos automáticamente más serios.

Las cámaras de vídeo y de fotos

Nos olvidamos del rollo de ir a buscar las fotos reveladas de una noche de copas a la tienda de revelado de fotos. Nos olvidamos también del embrollo de los carretes (los de “24 fotos” no los de tu caña de pescar). Eso es seguro, ahora, todos somos un poco Helmut Newton o Henri Cartier-Bresson.

Al mismo tiempo, podemos inmortalizar ultrafácilmente los pequeños regalos de la vida, como los primeros pasos del pequeñín… o nuestro encuentro con Nadal en la caja del Mercadona.

El aburrimiento

Hay pocas probabilidades de que John Lennon compusiera Imagine jugueteando en Tinder (oh, vaya Yoko, ¿no lo sabías?) o pasando el rato en Instagram. Hemos perdido esos momentos de soledad mientras esperábamos al tranvía o a un colega que llegaba tarde.

Ahora, cada segundo está vampirizado por los vídeos de Facebook y las improbables recetas de Pinterest. Ahora, mientras esperamos, descubrimos lo que es una Pavlova con frutos exóticos y eso, eso no tiene precio.

 

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