El Bitcoin, este agujero negro energético

Bitcoin es el nuevo punto Godwin: un tema que sale de la nada, que pocos entienden realmente, pero que salta a la palestra cuando nos quedamos sin temas de conversación. Además de generar una montaña rusa de especulación (1 bitcoin ha llegado a valer más de 10 000 $ para luego desinflarse como un suflé), muchos científicos sostienen que es altamente contaminante… Y como no podemos dejar de hablar de ello, hagámoslo, pero de otro modo.

Back Market separa el grano de la paja por ti.

El Bitcoin para los no iniciados

Un recordatorio por si, a pesar de todas las explicaciones de tu cuñado, y de Juan junto a la máquina de café, aún no has entendido qué es el Bitcoin.

Se trata de un criptomoneda (nota: en adelante, di «cripto» delante de los adjetivos, un poco al azar; tendrás algo más de un 65% de posibilidades de hacerte pasar por un avezado periodista cultureta). Es decir, es una moneda virtual, cuya ventaja principal es que se considera independiente e incorruptible.

El Bitcoin apareció junto con el Blockchain (otra palabra para lucirse en sociedad), que se basa en poner en común las capacidades de cálculo de los ordenadores personales.  Este sistema tiene como fin comprobar la información de una transacción monetaria y sellarla en un registro virtual a prueba de manipulaciones.

Imagina, a grandes rasgos, un libro contable custodiado por un monje copista ciego y sordomudo que escriba con un rotulador permanente. Vale, la selección para el puesto la tenemos difícil….

Pero, ¿por qué es altamente contaminante si es virtual?

Es difícil de entender, pero lo virtual tiene siempre una contraparte física. Las horas que has dedicado al Candy Crush, las búsquedas en Google para la presentación de ciencias de tu hijo y los maratones de series de Netflix requieren cables, servidores y fábricas repartidos por todo el mundo.

Estas tecnologías, además de espacio físico, requieren una potencia eléctrica astronómica. ¿Sabes cuando empezamos a meternos con Google por su alto consumo en servidores? Pues bien, según algunos estudios, la red Bitcoin necesitaría 100 veces la potencia eléctrica de los servidores de Google. Es decir, el consumo de un país como Irlanda (ovejas, kilts, leprechauns y fantasmas incluidos).

Las necesidades de cálculo de la red Bitcoin son inmensas, especialmente debido a su esquema de verificación. Aunque en un principio, el ordenador personal podía contribuir, la aportación de potencia de cálculo pronto se convirtió, evidentemente, en un negocio (facturable como «gastos de gestión»). Aparecieron las «granjas de minería», sobre todo en China, donde la electricidad procede en su mayoría de centrales de carbón y otras preciosidades vintage que emiten el máximo posible de gases de efecto invernadero.

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¿Qué soluciones hay a corto plazo?

Recientemente han surgido dos opciones sólidas:

Responder a la necesidad de otro modo: proponer a las granjas de minería que utilicen electricidad ecológica. Es el caso, por ejemplo, de Hydrominer en Austria, que opera con energía hidroeléctrica. Además: la electricidad es más barata y, por tanto, competitiva.

Modificar la necesidad: el Bitcoin se basa actualmente en el principio de «proof of work», que requiere un volumen de cálculo muy alto para validar la transacción. Cambiar su funcionamiento a «proof of stake» permitiría reducir drásticamente este volumen de cálculo, al conceder confianza a priori a los grandes actores del mercado que ya tienen una gran cartera de Bitcoin.

¿Para cuándo la marca verde?

 

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